20-05-2016

¿Qué hacemos con la educación?

Manuel Esteban Albert 

Director Científico de Fundación Coop. SANJE

 

Existe entre los ciudadanos un elevado descontento sobre el funcionamiento de muchos sectores de la realidad española actual. Algo menor parece la preocupación de los murcianos por la realidad regional no tanto en intensidad sino en el número de personas marcadas por tal preocupación. Y aunque no podemos concretar el porcentaje de vecinos que están preocupados por la marcha de la educación como realidad y sistema pues hay escasas encuestas donde se introduce este elemento como objeto de estudio no nos equivocamos si afirmamos que cualquier miembro de una familia tiene inquietud por el recorrido de la educación de sus allegados. O los profesores por el contexto de su oficio. O los políticos por el parón a que ha conducido la LOMCE por falta de aceptación de los propios agentes. O por los resultados objetivados en los diversos estudios existentes, Pisa, estudios locales con tasas de fracaso muy altas y abandono precoz de la escolaridad obligatoria lo que hace imaginar que los propios sujetos tampoco están felices con el sistema y la práctica de la educación. 

Qué factores inducen tal desconfianza en el bien social de la educación que debiera ser clave y catalizador de otros como empleo, emprendimiento, desarrollo, innovación, investigación, cultura, relaciones sociales positivas…? 

Ante todo, la escasa importancia que la ciudadanía ha terminado otorgando a este factor clave. Más de 25 años de inconformidad con el sistema educativo apenas ha promovido cruces de acusaciones sobre responsabilidades entre estamentos relacionados, políticos de diverso signo, maestros y profesores de primaria y secundaria respectivamente entre sí; padres y familias frente a los colegios en su generalidad o en concreto a profesores; profesores y gestores universitarios hacia niveles inferiores o aislándose en su burbuja…Sindicatos frente a políticos y gobierno, contra las leyes; contra los recortes, todos los estamentos.

Destaca el hecho que no se promuevan entre los movimientos organizados, entre profesionales e intelectuales y sobre todo en políticos generosos propuestas positivas capaces de ilusionar de nuevo y progresivamente a los diversos estamentos implicados y que decidan trabajar en ello. Lo más común es la demanda de mayor inversión en la educación; el freno a los recortes; el incremento de plazas de profesores, etc. sabiendo como está demostrado que esa no es solución más que cuando se sabe bien lo que se quiere hacer.

Si el análisis sobre el descontento amplio y las escasas propuestas de alternativas que puedan llevarse a la práctica ya mismo es correcto estaríamos ante el estancamiento de un bien social de primera magnitud y el principal para servir de palanca a la restauración del desarrollo, la eficacia administrativa y gestora y la cualificación pública desde abajo hasta el vértice. Precisamente porque estamos en crisis la educación del país debiera ser catalizador de nuevas sinergias que promuevan avance y tal vez lo más importante que generen confianza en alumnos y profesores, ilusión, niveles de compromisos selectivos hacia la mejora. 

El principal bien social estancado. Las fuerzas vivas en el sentido más generalizado del término, es decir quienes intervienen en tal fenómeno paralizadas o dispersas y divididas y el necesario avance, detenido. 

Sigue enmascarado el debate y su análisis lúcido bajo los parámetros de los presupuestos, las ampliaciones de plantilla, discusiones colaterales sobre disciplinas, presencia de religión que siendo pertinentes no arrojan nada al margen de un proyecto integral y explícito que no parece existir. La pérdida de confianza en el sistema ha permitido el crecimiento de disfunciones que no existían y que aparecen como síntoma más de un estado de ánimo poco justificado que de una situación desastrosa que lo justifique. Desconfianza de los padres, actitudes escasamente colaborativas con los centros, formación continua y acaso inicial inadecuada del profesorado, falta de liderazgo y dirección con compromiso, malestar por la falta de nuevos puestos, problemas en las familias por el abandono precoz ante un estancado mercado de empleo, insuficientes salarios y responsabilidades críticas eficientes como dirección, orientación, jefaturas o secretarias de centros. Hay un largo etcétera de situaciones donde la desconfianza conduce al desarme intelectual para mejorar y el ético para exigir conductas y comportamientos claros basados en valores propios de la Escuela. Y no sólo en el estamento profesional. 

La aparición de tecnología tiene una adecuada utilización muy selectiva y escasa dependiente exclusivamente de voluntarismos más que de propósitos bien definidos; insisto que en un alto porcentaje. No faltan, reconozco, experiencias muy valiosas aún voluntaristas en el interior del aula. A esta altura creo que el papel de las editoriales que hacen su negocio pero que inundan el mercado, apoyados en los planes aprobados, ha resultado más dañino que beneficioso. un uso casi siempre crítico y confortable sobre las programaciones, temas, ejercicios, actividades, presentaciones, etc. no ha ayudado en la práctica a ser un apoyo sino convertirse en el mantra de cada clase: "los ejercicios del tema siguiente para mañana…” Así tomadas la tecnología desactiva más bien que articula; resuelve más que interroga o ayuda; despreocupa más que induce al trabajo personal.

La predicción de niñas y niños que no culminarán los niveles básicos y obligatorios pueden preverse desde el comienzo. Escasa oportunidades de becas, familias de baja estimulación a lo cultural, diferencias étnicas, dificultades lingüísticas, bajo nivel económico o claramente desempleo en los padres, imposibilidad de adquisición de libros, medios, recursos adicionales son factores determinantes primero de fracaso y luego de abandono.

Es preciso rearmar a la sociedad para que reaccione ante el abandono y temas por la Escuela como institución. 

La Fundación COOP SANJE, modesta organización de profesionales vinculada con aquella experiencia educativa de los años 70 y 80, acaba de clausurar su II Ciclo de Conferencias sobre la Educación como derecho universal ¿o negocio? en el que cualificados profesionales como los rectores de la UM y la UPCT, economistas como José Molina y José Antonio Bellod, los sindicatos, el profesor Escudero y el profesor Federico Mayor Zaragoza quien clausuró han reflexionado sobre situación, expectativas y caminos para resituar la educación en el centro neurálgico del desarrollo de las personas y el país.

La Universidad cuyos vínculos con la sociedad han de estrecharse mucho más para que se perciba útil y eficaz socialmente ha de tutelar el sistema educativo desde la formación de maestros y profesores con resultados de excelencia a la de los profesionales en general, la innovación educativa, la selección de recursos apropiados, los contenidos de disciplinas, las metodologías...el compromiso ha de ser institucional pero en la práctica en esta coyuntura crítica expertos gestores y científicos universitarios deben promover leyes y compromisos dignos de confianza y adhesión con un seguimiento que puedan garantizar de 30 a 50 años de estabilidad legislativa y administrativa. No excluyo a inspectores, y profesores de niveles no universitarios. 

Entiendo este primer paso como decisión básica inicial. También la Universidad ha de legitimarse y tomarse en serio esta tarea. 

No pasamos de largo la necesidad de nuevos presupuestos sobre todo para hacer realidad efectiva el derecho universal en nuestro país a la educación y la equidad basada exclusivamente en el mérito: todo quien valga ha de alcanzar el nivel educativo que él desee. La trasparencia en el mundo de las becas y ayudas al estudio ha de hacerse minuto a minuto. 

Como hacer más eficaz una Escuela niveladora, equilibradora e inclusiva? Es posible este objetivo? Lo puede asumir competentemente la Escuela? En tal caso, ha de meterse a desarrollar los principios y recursos en que ésta se basa: curriculum, contenidos, competencias... 

Disciplina, liderazgo, dirección, toma de decisiones... todos los factores que la configuran.

Las experiencias y prácticas innovadoras promovidas desde un imprescindible Observatorio de la mejora y tuteladas hasta la ratificación de su validez es una urgente necesidad que aglutinará a las fuerzas activas comprometidas con el cambio.

Cuál es el límite en recursos, apoyos, formación, agentes (maestros y profesores) organizaciones sindicales, políticas, ciudadanas, de todo tipo que han de garantizar el cambio necesario? ¡Hasta que abramos camino a una educación libre y que ella misma genere hombres y mujeres libres, responsables, con dignidad, satisfechos de sus competencias y los niveles de educación alcanzados incluyan los difíciles entornos de exclusión que permanecen en el país! 

Es evidente que es tarea prometeica y requiere de todos. Quién convence, quién persuade, quién logra adhesiones, quiénes dan el primer paso? Acaso la Universidad?

 

 


Asociación de Amigos de la Escuala Sanje
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